Chico o chica, heterosexual
30 oct 06Me he sacado de forma autónoma el índice de masa corporal y tengo sobrepeso del grado uno. Con lo que me alimento de más podría tener un apartamento en Marina d’Or Ciudad de Vacaciones dígame. A otros les da por el sexo, pero a mi me da por la comida, por picar entre horas, por aficionarme al chocolate y bajar a la china más a menudo de lo que debería. Otros bajan al moro. Y qué pasa, pues que al tener una buena masa corporal puedo ir a Cibeles cuando me de la gana, pero no quiero. Ea. Es el mayor lujo de la vida, poder hacer algo y no querer. Si quieres puedes, dicen. Si quiero ser político, me presento a diputado. Si quiero ser famoso, me apunto a GH. Si quiero ser presidente, opto a candidatura. Si quiero ser Rey, ¿qué?
Para llegar a la corona tienes que elegir el vientre adecuado. Y ahora el vientre real está embarazado. Otra vez. Chico o chica; heterosexuales, claro. Es llamativa la tendencia que tenemos los españoles a entusiasmarnos con los debates menores que afectan a la monarquía, sobre todo si tienen que ver con aspectos domésticos.
Es tremendo que cada embarazo de la princesa Letizia genere una desazón constitucional por el sexo del que ha de nacer y su relación con la sucesión. Lo más chirriante es que se vea como normal que, sea lo que sea, niño o ñiña, venga con la Jefatura del Estado bajo el brazo en vez de con un pan, que es con lo que venimos todos los demás. Esto es una buena prueba de esa tendencia a la discusión de los asuntos domésticos y no de los sustanciales que tenemos en este bendito país que preside ZP, Gonzalo Miró y Eugenia de Irujo.Puestos a especular podríamos pensar qué pasaría si, cumplida la mayoría de edad y entrada en razón, a Doña Leonor se le ocurre decir que se siente republicana, ¿quien garantiza que no pueda pasar?, y que abdica. La madona republicana, envuelta en la bandera con un pecho al aire, tendría una cara nueva desde ese momento. La tercera República, sería la República de Leonor. Eso sí es un temazo y un motivo de preocupación futura para la Zarzuela, y no el sexo del siguiente en nacer, que ya habrá quien lo arregle jurídicamente.
Yo me siento totalmente Elenista. Viva la Reina Elena. Su Alteza Real la Infanta Doña Elena, María, Isabel, Dominica de Silos de Borbón y Grecia, hija mayor de los Reyes de España. Ella es una auténtica borbona, de fachón espectacular y creadora de tendencias de primera división que podría ser portada de Vanidad si el director quisiera. Nos hemos perdido con la Constitución del 78 a una Princesa de Asturias digna de las pinturas de Goya, pero se quedó en Infanta, que es como la pedrea del sorteo de Navidad. Unas veces olímpica, otras de pamela, en ocasiones afrancesada, otras veces marcando la mantilla, otras de tacón vertigionoso… Es la Carrie Bradshaw de las monarquías, una verdadera fashion victim y casi casi una cool hunter. La pobre Elena será victima dos veces; una, cuando se premió a su hermano menor, aficionado a modelos y periodistas, y otra cuando se reforme otra vez la Constitución olvidándola por segunda vez. Eso ya no puede ser, lo sé. Pero es tan emocionante imaginarme a Marichalar de Principe consorte y a mi adoradísimo Froilán de Infante… Elena siempre será nuestra ganadora moral del artículo 57 punto uno. La Reina Sentimental.
pd.: El copy de este artículo lo tiene la revista Vanidad, donde escribo cada mes.